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Sábado 10 de Diciembre de 1994

EL DORADO DE CASTILLA

  SUPLEMENTO CULTURAL DE DIARIO 16 BURGOS COORDINA ESTHER BAJO

Diario 16

El castillo de Tedeja era una plaza fuerte que dominaba el profundo desfiladero de Peña Horadada

Un castillo en primera línea

JOSE ANGEL UNANUE

MEDINA DE POMAR

Un trabajo que se ha extendido durante siete años de solicitud de permisos, trabajos de desbroce y excavaciones por la asociación de Amigos del Castillo de Tedeja, ha dado sus frutos durante los últimos días, al poner, al fín, al descubierto, un cubo en el paño norte de la muralla que salvaguardaba la fortaleza de Tedeja, levantada hacia finales del siglo VIII o principios de IX, para defender el paso de la Horadada, entre Oña y Trespaderne.

Para el arqueólogo Ignacio Ruiz Vélez quien, con los también arqueólogos Ramón Bohigas y José Angel Lecanda, dirige las excavaciones, «este castillo, junto a los de Pancorbo, Petralata, el de Ocinos -aún por descubrir y Amaya, situados todos en puntos muy estratégicos, configuraban un apretado cordón, que en los principios de la Reconquista hacía prácticamente inexpugnable esta comarca». Por otra parte «la eficacia de estas defensas frente a los sarracenos y, por tanto, la continuidad en el poblamiento durante la transición del mundo hispano-visigodo al mundo de la repoblación, es más que demostrable» y para ello apela a la toponimia, «ya que en los lugares donde se mantienen los nombres de origen latino no han existido ocupaciones ajenas». Así, por ejemplo, Tedeja viene de Tutelia, es decir, protección. Esto y el tipo de materiales utilizados en la construcción de los paños descubiertos, permiten a estos arqueólogos fechar el yacimiento, casi con absoluta certeza, en los finales del siglo VIII o principios del IX.

También inciden en la significación de este castillo las fuentes documentales y, para indagar en la historia de Las merindades, resulta inevitable recurrir a los textos de Lope García de Salazar, «Las Bienandanzas e Fortunas», códice del siglo XV que utiliza también profusamente Julián García Sáinz de Baranda en textos como «Apuntes Históricos sobre la Ciudad de medina de Pomar», en el que se refiere a este tema.

Así. «Las Bienandanzas e Fortunas» ilustran la llegada de los godos a Santoña y su asentamiento en Trespaderne, de la siguiente manera: «En el año

Cubo y muro al término del cual se espera encontrar la puerta

 

 de Nuestro Señor de DCCXL años, arribaron en Santoña, que es cabo Laredo, una grande flota de navíos, con muchas gentes de godos de las yslas dEscancia que benían en socorro de los godos dEspaña... E saliendo estos godos de Castilla Vieja e llegando en la Oradada, allende Trespadernj, que es aquede de Oña, obieron allí una pelea con las gentes de las comarcas que les saltearon allí en aquella angostura. E syendo ellos vencedores, morieron allí algunos de los buenos de ellos, e enterraronlos allí. E fezieron allí una hermjta, e juntados con los otros godos cobraron todas sus tierras; e par­tieron las conquistas, e non se podiendo acordar a poner Rey, enbiaron al Santo Padre que les es leyese Rey, embiéndole los nonbres de aquellos que en Reynar querían».

Por su parte, Julián García Sáinz de Baranda, en su mencinado libro, después de hacer una breve reseña de la «ocupación mora de las Españas, menos de las tierras de Asturias y Cantabria», señala de esta forma el lugar en el que se encontraba el castillo recién. descubierto: «Hasta dónde llegaron los moros nos lo pone de manifiesto el Padre mariana, quien dice que en ningún tiempo pasaron los moros de un lugar que en Vizcaya se  llama vulgarmente Peña Horadada, que no es otro que el paso del  Ebro entre Trespaderne y Oña, y sobre el que avanzaba para defenderle el castillo de Tedeja, residencia del Duque Don Pedro». El famoso Fray Antonio de Guevara -en carta a Don Alfonso de Fon­seca, obispo de Burgos el 12 de mayo de 1528- sostiene que «los pocos cristianos que escaparon de España fuéronse retirando hacia las montañas de Oña, cabe la peña Horadada, hasta la cual los moros allegaron, mas de allí adelante no pasaron ni ganaron, porque hallaron allí gran resistencia y aún porque la tierra era muy áspera».

 

Continúa Sainz de Baranda: «Aquí, sobre Velica, en la montaña Tesla y en el Castillo de Tedeja, tuvo su morada el Duque Don Pedro con su familia; de aquí salió su hijo Don Alfonso, que después fue rey de Asturias, para ayudar a Don Pelayo a sentar las bases de la restauración de España; por todo este territorio anduvo su hermano Don Fruela, defendiéndole de las acometidas árabes, y los dos unidos lograron recuperar muchas ciudades, repoblaron otras y ensancharon bastante con sus victorias los límites del pequeño reino cristiano». También señala que «según la tradición recogida por el Padre Risco, junto a este castillo existió una ermita en la que se dice fue enterrado a su fallecimiento el citado duque de Cantabria D. Pedro, padre del rey Alfonso III el Católico y del conde Don Fruela».

Trabajo para siete años.

El cubo de la muralla descubierto se comenzó a excavar con la esperanza, aún frustrada, de descubrir, además del muro, una de las puertas de entrada al recinto.

Toda la excavación en la que ahora se trabaja pertenece al lado norte del castillo, la peor defendida naturalmente y donde pudo estar ubicada la zona noble. Aquí, se confía la protección a la muralla descubierta; debajo, hay una antemuralla con paramento externo, en un terreno aterrazado artificialmente, y debajo de ésta, el foso completando el escudo, por el lado sur, justo encima y casi en vertical de la garganta de la horadada, donde las propias escarpaduras del terreno se encargan del cometido defensivo, si bien existe un paño de muralla de poca altura que afianza las defensas naturales. El lado este, que mira a Trespaderne, y el oeste, cuentan también con una orografía muy áspera, capaz de amedrentar por si sola ante todo intento de asalto, hallándose además guarnecido por construcciones humanas aún por excavar.

Un trabajo de topografía muy concienzudo, realizado por Ignacio García, completa la labor de este grupo, que calcula en siete u ocho años el tiempo necesario para tener a la luz todo el conjunto.

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